2/28/2006

PERU: SEÑALES DE INSEGURIDAD JURIDICA

Andres Benavente Urbina (desde Santiago de Chile)

El populismo de Ollanta Humala y el centrismo de Valentín Paniagua han dado señales que generan inseguridad jurídica en la campaña electoral presidencial.

El candidato Humala entregó su programa presidencial llamado “La gran transformación”. Allí se reiteran propuestas ya conocidas en materia política y económica que apuntan a establecer los que sus seguidores llaman “la Segunda República”, emulando consignas de lo que fue la primera candidatura presidencial de Hugo Chávez en Venezuela.

En lo político se ofrece convocar a una Asamblea Constituyente para elaborar una nueva Constitución que clausure lo que se da en llamar la fase “neoliberal”. Sin embargo, no habría que esperar el cambio de Constitución para que Perú entrase a un escenario de la más abierta inseguridad jurídica. Así el plan de nacionalizaciones de inversiones implica violaciones a principios claves del Estado de Derecho como el respeto a la vigencia de los contratos. Explícitamente el candidato a vicepresidente Gonzalo García lo afirma: “Ni estabilidad jurídica ni tributaria”, agregando que un eventual gobierno de ellos no suscribirá ningún contrato de inversiones y ninguna Carta de Intención con el Fondo Monetario Internacional.

En lo económico se asegura que se nacionalizarán las inversiones privadas – nacionales y extranjeras – que recaigan en áreas que son consideradas estratégicas en la economía, esto es: hidrocarburos, gas, electricidad, agua y saneamiento, servicios esenciales, espacio aerocomercial y puertos. En el sector minero, uno de los pilares del crecimiento económico del Perú en los últimos años, se plantea aplicar un impuesto a lo que se llama sobreganancia, que obviamente fijará el poder político bajo criterios discrecionales. En el sector de la inversión extranjera se llevará a cabo una auditoría para examinar cuál es el valor de retorno de las inversiones extranjeras. En un mundo globalizado, plantean que el énfasis de la economía estará en la expansión del mercado interno con un modelo económico que “conecte a los pueblos excluídos”. En otras palabras un modelo de intercambio y expansión de la pobreza.

Interesante es precisar que Humala no proviene de los sectores de izquierda tradicional sino que es un militar en retiro protagonista en el pasado de actos sediciosos. En Perú no es primera vez que del seno del Ejército salen propuestas nacionalistas y socialistas tan radicales. En los años sesenta, el general Juan Velasco Alvarado tras un golpe de Estado encabezó un gobierno militar que hizo de la nacionalización de capitales extranjeros y de la confiscación de propiedad privada nacional uno de los ejes de su administración. A ese velasquismo revolucionario invoca y evoca el candidato nacionalista.

Las propuestas de Humala serían una anécdota de campaña si la suya fuere una candidatura marginal. Sin embargo, diversas encuestas lo muestran con importantes porcentajes de apoyo: un 22% en un sondeo realizado a fines de febrero que si bien lo ubica en un distante segundo lugar, le abre opción de pasar a la segunda vuelta que tendrá lugar dada la alta dispersión de votos que se espera por el alto número de candidatos. Es probable que al final no alcance la Presidencia de la República, pero lo que inquieta más allá del resultado es que en Perú exista un ambiente político y social en que una propuesta populista tenga tantos adeptos.

Peor aún, inquieta la proliferación de las señales de incertidumbre, cuando un candidato centrista, como el ex Presidente Valentín Paniagua, si bien muy abajo en las encuestas (6%) se sume a la relativización del marco jurídico de las inversiones al señalar que es partidario de renegociar los contratos de gas de Camisea. Su argumento es efectista: “las circunstancias que sirvieron para la firma de los contratos han cambiado”. Queriendo explicar cómo plantea la revisión de convenios que él mismo firmó como Mandatario señala que se trataba de un gobierno de transición, como si eso excusara relativizar el derecho.

No deja de ser inquietante para un país en que una campaña presidencial más que la consolidación de lo que ha sido hasta ahora una exitosa estrategia de desarrollo muestre tantas señales de incertidumbre.
Andrés Benavente Urbina, Politólogo, Investigador Escuela de Postgrado de la Facultad de Economía y Empresa de la Universidad Diego Portales